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Un experimento puso material radiactivo en los cuernos de rinocerontes para combatir la caza furtiva

El proyecto Rhisotope, desarrollado en Sudáfrica, implantó pequeñas fuentes de cobalto-60 en los cuernos de 20 animales para facilitar su detección en controles fronterizos. Un estudio posterior no encontró efectos biológicos adversos en los ejemplares evaluados seis meses después.

Un grupo de científicos desarrolló en Sudáfrica una estrategia inusual para combatir el tráfico ilegal de cuernos de rinoceronte: introducir pequeñas fuentes radiactivas en los cuernos para que puedan ser detectados en los controles fronterizos. La iniciativa forma parte del proyecto Rhisotope y busca aprovechar los sistemas de detección de radiación utilizados en puestos de control para dificultar el contrabando.

El procedimiento consiste en realizar un orificio de unos cuatro milímetros en el cuerno e introducir una fuente de cobalto-60, que queda fijada en su interior. De esa manera, un detector puede identificar el material radiactivo incluso si el cuerno es transportado de manera clandestina. Los investigadores también consideran que la presencia de material radiactivo podría generar un efecto disuasorio, debido a las restricciones y controles adicionales que implica su transporte.

El ensayo comenzó en junio de 2024 con 20 rinocerontes, 18 blancos y dos negros. Seis meses después, los investigadores pudieron evaluar específicamente a 16 rinocerontes blancos con implantes y compararon las mediciones con las obtenidas en cinco animales utilizados como grupo de control. Los ejemplares fueron sedados para medir la radiación en distintas zonas de la cabeza y determinar la exposición de los tejidos cercanos al implante.

Los resultados fueron publicados en abril de 2026 en Scientific Reports por investigadores de Texas A&M University, University of the Witwatersrand y Colorado State University. Según el estudio, las dosis registradas permanecieron por debajo de los niveles de referencia utilizados para evitar efectos deterministas sobre la piel, incluso en zonas sensibles como la frente y los ojos. Los análisis realizados durante el proyecto tampoco detectaron daños celulares asociados al procedimiento, y seis meses después no se observaron efectos biológicos adversos con las concentraciones utilizadas.

El proyecto se apoya además en una característica particular del animal: el cuerno del rinoceronte no está formado por hueso, sino principalmente por queratina, la misma proteína presente en las uñas y el cabello. Su estructura sólida y no porosa permite alojar la fuente radiactiva, mientras que la distancia entre el implante y los tejidos vivos fue considerada para limitar la exposición.

La investigación busca intervenir en una etapa posterior a la caza furtiva: hacer más difícil el transporte y la comercialización internacional de los cuernos. Sudáfrica concentra la mayor población de rinocerontes del mundo y la amenaza continúa pese a cierta reducción de la caza ilegal. Según las autoridades sudafricanas, a fines de 2025 había al menos 15.096 rinocerontes, de los cuales 12.531 eran blancos y 2.565 negros. Ese año fueron cazados furtivamente 352 ejemplares, frente a 420 en 2024. Entre enero y agosto de 2026, el último balance oficial registró otros 230 animales abatidos.

Los investigadores plantean que la tecnología podría estudiarse en el futuro para otras especies amenazadas, aunque el trabajo todavía se concentra en los rinocerontes. Antes de ampliar su aplicación, el proyecto deberá evaluar distintos escenarios de transporte, niveles de ocultamiento y condiciones de los controles fronterizos. Por ahora, el experimento permitió comprobar que un implante radiactivo puede volver detectable un cuerno sin provocar daños significativos en los animales bajo las condiciones estudiadas.

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