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Mano dura de la FIFA con Paredes: 10 partidos de suspensión y una multa que duele en la AFA

El volante argentino recibió la sanción más severa por los incidentes posteriores a la final del Mundial ante España, en la que también fueron castigados Nahuel Molina y Roberto Ayala. El organismo internacional además penalizó a la Asociación del Fútbol Argentino con una multa de 321 mil dólares, que incluye la exhibición de la pancarta con la leyenda «Malvinas argentinas» tras la semifinal contra Inglaterra.

El mundo del fútbol amaneció con una resolución que sacudió al seleccionado argentino. La FIFA no se guardó nada. Leandro Paredes, uno de los hombres de confianza en el mediocampo, deberá cumplir diez partidos de suspensión por su participación en la gresca que estalló después del pitido final de la final del Mundial 2026, esa que España ganó 1-0 en Nueva York-Nueva Jersey. El castigo es el más duro de todos los que repartió la Comisión Disciplinaria del organismo, y deja al equipo sin uno de sus jugadores más experimentados para una buena parte del calendario internacional.

El expediente señala tres cargos contra Paredes por agresiones, todos basados en el artículo 14 del código disciplinario de la FIFA. Las imágenes de aquella noche quedaron grabadas: empujones, caras de bronca, jugadores envueltos en una pelea que no tenía nada que ver con el fútbol. La investigación se tomó su tiempo —abrieron el expediente a fines de julio— y ahora llegó la sentencia. El volante, que se ganó un lugar en el corazón de los hinchas por su entrega y su carácter, tendrá que mirar desde afuera los próximos compromisos de la Albiceleste.

Pero Paredes no fue el único. Nahuel Molina, el lateral que se ganó la titularidad a pulso, recibió siete partidos de suspensión. Roberto Ayala, integrante del cuerpo técnico, quedó afuera por tres encuentros. Y del lado español, Gavi también fue sancionado con una fecha, aunque el castigo parece menor comparado con el que cayó sobre el mediocampista argentino.

Hay un detalle que alivia un poco la situación: la suspensión aplica solo para los partidos de selecciones. Paredes podrá seguir jugando en su club sin problemas. Esto no es una inhabilitación total, sino una prohibición específica para los compromisos internacionales. Pero igual, diez partidos son diez partidos. Dependiendo del calendario, el jugador podría perderse eliminatorias, amistosos y hasta parte de la próxima Copa América si las fechas se acumulan.

La resolución también golpeó el bolsillo de la AFA. La FIFA multó a la Asociación del Fútbol Argentino con 321 mil dólares por distintas infracciones cometidas durante el torneo. Una parte importante de ese monto está vinculada con la pancarta que mostraron los jugadores después de la semifinal contra Inglaterra, esa que decía «Malvinas argentinas» y que dio la vuelta al mundo. Medios europeos estimaron esa parte de la sanción en 250 mil euros, aunque el monto total incluye otros incidentes que ocurrieron en varios partidos del Mundial.

El mensaje sobre las Malvinas no es un tema menor para el organismo internacional. La FIFA tiene normas estrictas sobre la inclusión de mensajes políticos en sus eventos, y la cuestión de las Islas Malvinas tiene un peso histórico y diplomático que trasciende el fútbol. Para la AFA, la multa es un golpe económico, pero también un recordatorio de que el organismo no tolera gestos que puedan interpretarse como reivindicaciones territoriales.

El impacto deportivo es inmediato. Sin Paredes, el mediocampo argentino pierde su brújula, ese jugador que ordena la salida, que sabe cuándo frenar y cuándo acelerar, que tiene la experiencia para manejar los momentos calientes. Sin Molina, la defensa pierde una de sus piezas más confiables. El entrenador, que todavía no fue confirmado oficialmente después del Mundial, tendrá que buscar alternativas y rearmar el esquema sin dos titulares indiscutibles.

La sanción a Paredes es, en términos futbolísticos, una sentencia larga. Diez partidos es mucho tiempo en el calendario internacional. Pero también es un castigo que habla de cómo la FIFA quiere poner un límite a los excesos en la cancha y fuera de ella. La imagen de aquella pelea después de la final no era buena para el fútbol, y el organismo decidió dar un mensaje claro: las manos no van, ni siquiera cuando el corazón está herido por una derrota en el partido más importante del mundo.

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